La Pócima
Cuán caprichoso es el destino
cuando se cruza en tu camino,
entre el sueño y la realidad,
la ficción con la verdad.
Entonces el mayor deseo,
más que deseo se vuelve anhelo,
es hallar a quien te escuche
aunque poco después murmure.
Así un día respondí a un chismoso,
hombre mayor, no un mocoso,
el desarrollo de mi transición.
Insultante me dio su opinión
con fuertes gritos y jaleando.
Con los brazos agitando,
me llamó insensata caprichosa,
vieja, perversa y viciosa.
Mas viendo que no entraba en razón
le endosé esta vacunación.
- Con un terrón de ácido sulfuroso
y dos tortitas de acetato nitroso,
mucha hierba de metal verde
de esa que nunca muerde,
del sapo añil las entrañas,
y leche de muchas arañas,
todo ello bien mezclado,
con pezones de escorpión leonado
lograrás la gran poción
que calmará tu irritación.
Como ya se produjo la misma
y para evitar una tosca riña
se me antojó aconsejar
que no estaría de más actuar
con gran respeto por lo ajeno,
que por cierto, no es nada bueno
tener en la boca la hiel,
y, por si acaso, un poco de miel
suaviza la lengua mas dura
y apacigua la amargura.
Y si todo ello aún perdura,
sin perder la compostura
habrá que buscar otro medio,
pues todo en la vida tiene remedio
menos la muerte, con perdón,
a quien no conozco y con razón.
Y aunque yo de aquí me mude,
no hay mal que cien años dure,
que una vez lo dijo el sabio
hay que “saber ser” para darle al labio.
Y si no lo dijo el citado erudito,
después de lo que he escrito
lo digo yo con gran tesón,
que con ingenio y por diversión
he compuesto estos versos
aunque si son algo perversos
espero que los hayas gozado
pues por hoy se han terminado.
Marta Salvans i Solé









