La familia, de clase media y modélica, está reunida alrededor de la mesa durante la hora de la comida. De pronto, la hija pequeña de once años, comenta tristemente:-
-Os tengo que dar una mala noticia: YA NO SOY VIRGEN.
Rompe a llorar notablemente alterada, las manos cubriéndole la cara y cierto halo de vergüenza. Silencio sepulcral hasta que en los padres comienzan las recriminaciones mutuas...
-Tú,¿hija de puta (señalando a la esposa) ¡esto es por ser como eres! Por andar de coqueteo con el cartero o el repartidor de butano. Por estar la mayor parte del tiempo fuera de casa, en la peluquería o de chismorreo con las amigas, en lugar de dedicarle más tiempo a tus hijas. O tú (dirgiendose a la hija mayor) el ejemplo que le das a tu hermana, sobandote el sofá con el cabrón ese de arito y pelo largo.
La niña los mira con cara de asombro y los ojos a punto de salirse de sus orbitas.
La madre no aguanta más y recrimina al marido a grito pelado:
-Ah, sí, ¿y quien es el cabrón que se gasta parte del sueldo en irse de putas?, que llega la mayoría de las noches oliendo a perfume barato, o es que crees que la nenita y yo no nos damos cuenta, ¿so desgraciado! Y además, que ejemplo puedes darle a la nena viendo películas porno en el televisor del salón, ¿crees que la nena no ve eso?
Los reproches continúan, el padre espeta
-Si, y tus ideas mojigatas y clericales de no hablar abiertamente de sexo con la niña... ¡¡ Ay, Dios mio, porqué nos tiene que pasar esto!!
Desconsolada y al borde del colapso, con los ojos encharcados en la lágrimas y la voz temblorosa, toma tiernamente las manos de su hijita y en voz baja le pregunta:
-¡Pero como fue? ¿Te la metieron vaginal, o fue anal..., tú accediste o te forzaron'. Dime hijita...
Entre sollozos, la niña de diez años contesta:
-No, mami! que la maestra me ha cogido manía y me ha sacado del pesebre, al lado de San José, en el belén viviente del colegio, y me ha colocado de pastorcita.









