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La puta, el chorizo y el poli gay

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PoliObiols no era de aquellas personas que se dan por vencidas a la primera de cambio, pero aquella mañana tendría ocasión de comprobar de que no era así exactamente.

A su mente acudieron recuerdos de lo terco que había sido durante su niñez, las constantes trifulcas con su madre, los reiterativos desprecios hacia su padre, las casi diarias peleas con los otros niños del barrio. No, no era uno de aquellos que se dejaran arredrar fácilmente.

El campanilleo de la puerta al ser abierta lo sacó de su ensimismamiento. Una esbelta y bella mujer avanzaba con elegante paso hacia una de las sillas tapizadas con terciopelo rojo, se sentó con un gesto displicente, se recogió la estrecha falda por encima de la rodilla y cruzando sus hermosas piernas solicitó del joyero le enseñara sortijas de brillantes.

Sin perder de vista la mercancía esparcida por el mostrador, comprobó, por el rabillo del ojo, que alguien se acercaba sigilosamente por detrás.

-No se mueva ni haga ningún intento defensivo, le estoy apuntando con una pistola.

-¿Qué quiere?

-Mejor diga, que queremos.

-Ah, ya entiendo, van juntos, ¿no?

-Exacto!! Vaya metiendo todo en este saquito.

Obiols tomó el saco que le alargaba el chorizo, mientras la puta se disponía a llenarlo de joyas. En ese momento se giró bruscamente arrebatándole el arma.

-Venga, vosotros dos, poneos junto a mí, donde os pueda controlar.

Apretó el timbre de alarma disimulado bajo el mostrador y espero la llegada de la policía.

La puerta del establecimiento se abrió bruscamente, un apuesto policía, porra en ristre, se situó en medio de los tres.

-¡Oiga usted, que hace con ese arma en la mano!

-Intentaba defenderme, la pistola es del chorizo.

Defenderte, defenderte... a ti si que voy a defenderte yo. Jo, que tío más guapo y que polvo tiene

-Está usted cometiendo un delito, yo no veo que estos dos tengan arma alguna para atacar.

-Si, pero...

-Nada de pero, me temo que tendrá que acompañarme a comisaria.

-Oiga, que estaba defendiendo mi negocio. Los ladrones son estos dos.

-Si, claro-dijo el chorizo- cuando estaba ella sola no tenias necesidad de defenderte. Seguramente pensaste que le podrías echar un polvo, ¿verdad?. No, si ya conozco yo a la gente de tu calaña.

-Venga, no se hable más. Jo, este joyero si que tiene un polvazo. Me lo follaría aquí mismo, sin esperar a tenerlo en el calabozo.

-He dicho que no se hable más, a ver como podemos arreglar esta situación. Pasad todos a la trastienda.

-¿Qué pretende?

-¡¡A la trastienda!!. Tú también, y dame esa pistola, es la prueba de que estaba apuntando a dos seres desarmados.

-¿Desarmados? ¡Pero si pretendían robarme!

-Yo no veo que hayan cogido nada. Pero podremos arreglar el asunto; yo te hago un favor, tú me haces un favor.

-¿Qué?

-Eh, vosotros, desnudaos, ¡los dos! ¡y poneos a follar! Tú, joyero, no les quites la vista de encima.

Obiols se sintió por primera vez vencido, empezaba a comprender cual era la estratagema del poli. Su mente trabajaba a toda prisa, acudiendo imágenes de su adolescencia, cuando en una ocasión en los lavabos del instituto tuvo su primera experiencia sexual con un compañero de clase. Pero esto no iba a ser igual, pensó, este tío me va a encular, ¿como la tendrá de grande?, ¿sentiré mucho dolor? Joder, como follan esos dos, me están poniendo cachondo. Jorge, si, ese era el nombre de aquel compañero de instituto. El chaval era guapo, que habrá sido de él. ¡Como se me está poniendo la polla de grande! Jorge se puso de rodillas sobre la tapa del water, tenía el culo muy mojado, seguramente anduvo caliente toda la mañana, pensando en el momento en que me abordaría en los lavabos. Mi polla entró en su cuelo como con un guante de seda. No paraba de gemir y a cada gemido mi polla se movía más y más, hasta que al final un reguero de leche caliente se escapaba de las nalgas de Jorge.

El poli se acercó a Obiols, porra en mano.

-¿Qué, te gusta?

Pasó suavemente la porra por la entrepierna de Obiols y comenzó a restregarla de abajo a arriba.

-Vaya, veo que estos dos te han puesto cachondo. Que te parece si nosotros...

El pantalón de Obiols fue bajando lentamente, tras la tela del slip se adivinaba una polla turgente caliente. El poli la acarició con suavidad.

-Esta es la mejor joya que tienes en la tienda, al menos para mí. No te voy a hacer daño, solo te la voy a comer un poquito.

Mientras la puta y el chorizo seguían gimiendo y moviéndose como posesos, el poli saboreaba la polla de Obiols como si fuese el dulce más exquisito que jamás hubiera probado.

-Ay, Jorge!!!

-¿Jorge? Me llamo Andrés y quiero que metas esa polla tan rica en mi culo

Los gemidos de las dos parejas follando ahogó por un momento el barullo de las sirenas de la policía que se acercaba hasta la joyería.

 

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